jueves, 11 de abril de 2013

"CAMBIO DE FOCO"



CAMBIO DE FOCO

En  un extraordinario artículo de Javier Marías publicado en El País Semanal  titulado ¿Por qué quieren ser políticos?,  y que ha sido citado por diversos editorialistas en nuestro país, el autor consternado y extrañado se hace esa pregunta, pues no se explica porqué una actividad tan desprestigiada, pisoteada y con tanta mala fama sigue siendo atractiva para algunos. Señala que a su modo de ver las cosas puede identificar  cinco grandes grupos o razones que mueven  a los políticos a adentrarse o mantenerse en esa ocupación: “a) sujetos mediocres que nunca podrían hacer carrera -ni tener un sueldo- si no fuera en un medio tan poco exigente como la política; b) sujetos que ven un modo de enriquecerse; c) sujetos que sólo ansían tener poder, es decir, mandar y que la gente les pida favores; tener potestad para denegar o dar y salir en televisión; en suma, ser "alguien";d) fanáticos de sus ideas o metas que sólo aspiran a imponerlas; e) individuos con verdadera vocación política, con espíritu de servicio, buena fe y ganas de ser útiles al conjunto de la población y de mejorarle las condiciones de vida, de libertad y de justicia”.

Esta opinión se suma a la de Felipe González en una  participación académica en México el año pasado  en la que señalaba con preocupación la posición de la sociedad española de generalizar el desprestigio de todo aquello relacionado con la política, claudicando a realizar un análisis profundo y de distinción entre los políticos vividores y los que en verdad tienen una auténtica vocación de servicio.

Pareciera haber en España todo un movimiento político intelectual que independientemente de las posiciones ideológicas pretende fomentar un resurgimiento y una revalorización de la actividad política hacia su verdadero concepto, como una misión o vocación por el bien común.  Es  una especie de respuesta de hartazgo por los abusos, privilegios y corrupción de una clase política sin compromiso alguno con la representación, sus ciudadanos y mucho menos con el interés social o común.

¿Es en verdad la política una actividad tan sucia, corrupta, deshonesta y despreciable de la cual debemos alejarnos? , ¿dónde queda entonces su bondad y la legítima aspiración a lograr mediante su ejercicio el mejoramiento de las condiciones de vida, de libertad y de justicia de la sociedad?

Los interesados en mantener el statu quo son los principales promotores de esta idea, de esa forma han logrado mantenernos al margen de toda actividad política por temor a corrompernos o ensuciarnos  dentro de un sistema <indecente> por decir lo menos. Exactamente la preocupación externada por Felipe González, de que el sistema mismo sostenido por <gente buena> desincentiva la participación de aquellos con  verdadera voluntad política y espíritu de servicio.

Ya lo anticipaba Edmund Burke –el gran parlamentario inglés- en su famosa frase: “lo único necesario para que el mal triunfe, es que los buenos no hagan nada”. No nos extrañe entonces que una minoría sea la que tome las decisiones más importantes de este país y de Michoacán, mientras la <mayoría> se encuentra plácidamente alejada, por comodidad, apatía o desprecio a la actividad política. Nos guste o no, siempre habrá necesidad de que alguien ocupe ese lugar de autoridad, de nosotros depende -según nuestras propias circunstancias- su correcta integración, si se tiene vocación política, en la trinchera pública y si no, influyendo positivamente  para elegir a los mejores representantes.

Creo que estamos demasiado obstinados con las reformas estructurales e institucionales de nuestro sistema político y social, no dudo de su importancia y trascendencia, sin embargo estoy convencido de que el verdadero cambio debe darse a nivel personal. No podemos pedirle “peras al olmo”, de qué sirve tener  instituciones inmaculadas desde el punto de vista jurídico-estructural, si los sujetos que las conforman no están convencidos de su finalidad…tarde que temprano terminarán encontrando la manera de “darle la vuelta” o torcer el objetivo anteponiendo sus intereses personales a los de la colectividad. No debemos quedarnos con argumentos <engañabobos> pretendiendo implementar figuras o instituciones políticas considerando que serán la salvación de nuestro sistema democrático, en todo caso, debemos aceptar que el sistema democrático-representativo occidental se encuentra en una seria crisis, de ahí el porque se presenten los mismos problemas y características de la clase política señalados por Marías en todas las democracias del mundo, independientemente de si cuenten o no con un sistema político institucional consolidado, de avanzada o de primer mundo.

De nada sirve pues, cambiar las reglas del juego ni la organización de las instituciones en nuestro país y en nuestro estado, si los sujetos involucrados (autoridades y ciudadanos) seguimos siendo los mismos, si desde el plano personal no se tiene la convicción del porqué y para qué del poder, del porqué y para qué de la actividad política. Necesitamos ideas claras, no tengamos miedo de entrar a la trinchera de lo público, ahí es donde se nos necesita a los ciudadanos.

La invitación de Marías es sumamente positiva pues propone canalizar ese descontento no descalificando a todos los políticos por igual, sino identificándolos para apoyar a los que verdaderamente tienen vocación política.  No debe confundirse el compromiso con el bien común y la responsabilidad en la construcción de la cosa pública (res publicae) con la politiquería o la “grilla”…. Ahí es donde debemos estar y lograr que se produzca ese cambio de foco, pasando de adjudicar la razón de nuestros males al sistema o a las instituciones para  asumir a cabalidad la responsabilidad personal en el logro de un auténtico y perdurable cambio social, la actualidad democrática de Occidente así nos los demuestra.
 
 

jueves, 4 de abril de 2013

¿PODER O AUTORIDAD?


 
¿PODER O AUTORIDAD?


El poder es uno de los conceptos más difíciles de definir. Si bien es cierto, que la mayoría de las personas tenemos una noción “empírica” bastante clara de lo que este término engloba, encerrarlo en una definición estructurada es una tarea muy complicada.

 

Además de la dificultad para definirlo, el poder por naturaleza, se ha visto siempre envuelto en un complejo entramado en el que se concentran los más diversos intereses ideológicos, filosóficos, institucionales, políticos, sociales, etcétera, que condicionan su concepción. Es sin duda, un tema complejo, pero muy apasionante por representar la médula de uno de los elementos más importantes que caracterizan la naturaleza social del hombre.

 

La definición generalmente aceptada por la literatura es la de Weber que lo describe como la posibilidad de imponer una voluntad sobre la conducta de otro o de un grupo de personas. Por lo que fácilmente se observa que entre mayor sea esa capacidad para imponer tal voluntad y lograr la finalidad buscada, mayor por tanto, será el poder.

 

El quid del asunto se presenta al momento de definir cómo debe ser impuesta esa voluntad a las demás personas, por lo que encontramos posiciones ideológicas muy variadas  que postulan desde la amenaza, hasta la promesa de recompensa, pasando incluso por el castigo físico. Me parece que aquí nos enfrentamos a un tema bastante delicado que consiste justamente en el elemento ético del ejercicio del poder, por lo que dependerá en gran medida del concepto de persona que adoptemos, para justificar tal o cual explicación, ya que la dignidad propia del ser humano condiciona fuertemente el concepto mismo del poder.

 

A la pregunta de fondo de ¿por qué se busca el poder?, los que saben señalan que, normalmente quien ejerce el poder lo hace para promover sus propios intereses, además, por otro lado explican que los individuos requieren buscar el poder  para concretar una organización, a través de su unión con aquéllos con intereses, valores o percepciones similares. Otra explicación que se brinda al respecto es la que señala que el poder es buscado por los individuos por su propio mérito, es decir, por las recompensas emocionales o materiales que su ejercicio brinda de manera natural. Lo que algunos autores señalan como un hecho irrefutable es que el ejercicio del poder se disfruta profundamente.

 

Una característica paradójica del poder es sin duda, la tendencia a ocultar los intereses o motivos que impulsan a una persona a imponer su voluntad a los demás. Esto queda de manifiesto  ya que en gran parte el ejercicio del poder depende de un acondicionamiento social con el cual se busca la forma de ocultarlo.

 

Así como el poder puede ser potencialmente maligno (si se abusa de el), al mismo tiempo resulta socialmente esencial dada la vocación política innata del ser humano.

 

El poder es un elemento básico de la realidad social, y por ende, de su estructura natural que es el Estado, que conserva para sí –en razón de los fines y bienes que protege- el monopolio de la coacción para hacer cumplir su voluntad y conservar su soberanía. Sin embargo, el estado no se erige, como un único poder, lo que se sitúa en constante tensión por mantener un equilibrio entre los poderes que se manifiestan en su seno, garantizando así su correcto funcionamiento. La doctrina jurídica ha nombrado con el término de “factores reales de poder” a todos los agentes que pueden tener una repercusión en la estructura  constitucional del estado, lo que en términos sociológicos se constituyen como  los llamados “poderes fácticos”.

 

Los problemas de poder se presentan cuando esos  poderes fácticos disputan la titularidad o superioridad del poder estatal, tratando de controlar una actividad o simplemente ejercen un poder excesivo -ya sea por pasividad estatal o por el establecimiento de alianzas- con el objetivo de imponer sus propias condiciones. Estas situaciones  pueden deberse a múltiples factores como son: errores estratégicos, corrupción, conveniencia coyuntural, entre otros. El riesgo es muy grande pues puede suceder que los poderes fácticos se sitúen por encima del sistema democrático de un estado, secuestrándolo incluso -por la prevalencia de intereses de grupos por encima del bien colectivo o común- lo que sin duda genera serios problemas de ingobernabilidad.

 

En la realidad política actual de nuestro país y de Michoacán abundan los ejemplos. El reto es exigir el que se ejerza un tipo de poder basado en la persuasión, la educación y el compromiso social que tienda a  cambiar la creencia del sujeto que obedece, al permitirle considerar naturalmente apropiado o correcto el someterse a la voluntad de otro…eso es lo que genera legitimidad y que los antiguos llamaban “autoridad”… y que hoy lamentablemente está tan ausente en nuestra clase gobernante.

“¡NO NOS ACOSTUMBREMOS A PACTAR CON LA MEDIOCRIDAD!”


 
“¡NO NOS ACOSTUMBREMOS A PACTAR CON LA MEDIOCRIDAD!”


Nunca he coincidido con la frase que señala que “el pueblo tiene el gobierno que se merece”, más bien, al contrario, considero que “el pueblo tiene el gobierno que permite”. A veces como ciudadano me siento asfixiado, indefenso o imposibilitado para exigir justicia, legalidad, transparencia, calidad, respeto o simplemente sentido común en la actuación de las autoridades respecto a muchos de los sucesos de la vida diaria, llámese vialidades, obras públicas, tránsito, transporte público o cualquier relación gubernamental a través de trámites y gestiones.  Cierta sensación de desesperanza, de impotencia por no encontrar respuesta o soluciones elocuentes a nuestros problemas comunes por parte de la autoridad. Seguramente alguna vez te ha pasado lo mismo estimado lector, y sinceramente me niego a aceptar y a acostumbrarme a esa realidad como la única posible.

No nos acostumbremos a las obras públicas poco transparentes y  mal hechas, a los servicios públicos deficientes y de pésima calidad so pretexto de la falta de presupuesto, o a los proyectos mal planeados o sin visión que generan  caos en las ciudades.

No nos acostumbremos a la tomas y plantones como único medio para dirimir nuestras diferencias, y menos aún al discurso político fácil y frívolo que sostiene que no puede coartársele al pueblo este derecho a manifestarse aún a costa de afectar a la mayoría….

No nos acostumbremos al hecho de que los maestros sean movilizados a las calles para exigir sus demandas (aunque en algunos casos sean legítimas) abandonando su responsabilidad para con los miles de niños y jóvenes estudiantes…

No nos acostumbremos a un transporte público desordenado, indigno, inseguro y ostensiblemente contaminante.

No nos acostumbremos a la violación sistemática de los derechos básicos de los indígenas.

No nos acostumbremos a los desfalcos, actos corruptos y a la aplicación discrecional de la ley, a esa desesperante realidad llamada impunidad.

No nos acostumbremos al endeudamiento excesivo y a la falta de claridad del destino de esos recursos.

No nos acostumbremos a la injusticia de la pobreza ni a la insultante manipulación de las personas que se encuentran en ella.

No nos acostumbremos al miedo, al dolor, al sufrimiento de las víctimas o a la violencia inhumana e irracional de la delincuencia.

No nos acostumbremos a los gobiernos y administraciones de “bajo perfil”, insensibles, opacos  y corruptos, bajo el argumento de que la <política> es un cochinero y que todos sus actores son iguales…

No nos acostumbremos a ubicar el nombre de Michoacán en los últimos niveles de todos los estudios y  evaluaciones en materias de desarrollo humano, económico y social (educación, competitividad, nivel de endeudamiento y finanzas públicas, gasto en nómina, marginación y pobreza, salud, ecología, seguridad, transparencia y rendición de cuentas).

Todo esto no es parte integrante de nuestra cultura ni de la idiosincrasia mexicana o michoacana, sucede porque así decidimos que suceda, lo permitimos, toleramos y a veces –indirectamente- lo fomentamos.

No me resigno a aceptar la complejidad de nuestra realidad como una suerte de destino manifiesto, ni tampoco acepto el qué nuestros problemas sean tan grandes que no podamos cambiarlos. Me parece que es una actitud que pretende justificar nuestra inactividad y cobardía para enfrentar los retos que implica el <complicarse la vida> inherente a la búsqueda del bien común. Pero para no acostumbrarnos debemos involucrarnos, dejar el sofá… y eso implica reconocer nuestra responsabilidad y compromiso, y alzar la voz, y proponer, y respetar al que disiente, y tener la generosidad para adoptar las soluciones que convienen a todos aunque no sea la ideal para mí… implica creatividad, preparación, entrega, honestidad, lealtad, congruencia…Sí lo sé, valores hoy, políticamente incorrectos…

Quisiera gritarte al oído que no estemos esperanzados en que el cambio va a venir del gobernador, de los diputados o alcaldes…. El cambio vendrá sin duda de los ciudadanos que hoy exigimos congruencia y efectividad a las autoridades, con las que –conjuntamente- debemos construir el proyecto de Michoacán que todos queremos.

Sí…hemos visto ya tantas cosas…pero  hay un Michoacán diferente y posible que  depende de nosotros los ciudadanos. ¡No nos acostumbremos a… pactar con la mediocridad!

jueves, 21 de marzo de 2013

BIEN COMÚN… ¿Y A MÍ QUÉ?


BIEN COMÚN… ¿Y A MÍ QUÉ?

México y Michoacán han cambiado rápidamente en los últimos tiempos. Ha sido un proceso  drástico que asemejándose al cambio de la adolescencia nos presenta un panorama  distinto a la de apenas unos años. Ese cambio –que no en todos sus aspectos ha sido positivo- nos lleva a contemplar una realidad social, política y económica que no nos satisface o con la que no estamos de acuerdo, y que sin embargo, toleramos o consentimos como si estuviéramos condenados a sufrirla o simplemente ya nos hemos acostumbrado.

 

Seguramente al pensar sobre este tema, nos habremos hecho estas mismas preguntas: ¿Por qué no podemos ponernos de acuerdo en lo básico? ¿nos gusta la realidad que vivimos?, ¿qué buscamos como sociedad?, ¿hacia dónde queremos llegar?, ¿qué país, qué estado y qué ciudad deseamos?, ¿tan grandes son nuestros problemas que entre todos no podemos solucionarlos?, ¿qué podemos y/o debemos hacer en nuestras circunstancias personales para contribuir a la mejora de nuestra comunidad?, y otras muchas más por el estilo.

 

Hay que reconocer que el momento histórico que nos está tocando vivir no es para nada sencillo en ningún aspecto por el que se vea, pero tampoco ha sido el más complicado de la historia de México, Michoacán o Morelia. Seguro que habrá habido episodios con circunstancias más adversas que las actuales,  y a pesar de todo aquí seguimos. Puesta en perspectiva y así contextualizada, nuestra realidad nos presenta un enorme reto por delante como sociedad, que implica  definiciones de fondo respecto a nuestra meta común  y a la forma en que cada uno de los que la conformamos, colabora para su consecución.

 

Creo que las claves para afrontar ese reto son sin duda,  generosidad, buen humor, determinación y mucha, pero mucha creatividad.

 

Para ello primero hay que convencernos de que el bien común no es sólo un ideal ni  un objetivo que está tan lejos de nosotros y por tanto inalcanzable. El bien común pasa por el logro y consecución de nuestras propias metas personales y familiares, pero las trasciende, no es solo la suma de los bienes y satisfactores de todos los que conformamos una comunidad, aunque no se entienda sin referencia a ellos. Es la consecución de ese bien que el hombre no puede lograr solo, sino que requiere del apoyo y empuje del resto.

 

Por lo tanto, es posible alcanzar el bien común a través de la búsqueda del bien particular y  propio cuando en verdad la sociedad está correctamente orientada hacia el. Sin embargo su consecución implica el compromiso libre y decidido de cada uno por alcanzarlo. Implica una actitud vital y de justicia frente al fenómeno social.

 

Es momento de estar a la altura del reto y compromiso que tenemos por delante, y eso conlleva  salir de nuestra  propia <zona de confort> o de <resignación>,  de pensar más allá de lo estrictamente personal,  en pocas palabra, complicarnos la vida… En los tiempos actuales no caben <comodones>, ni bastan ciudadanos medios, no es momento de titubeos ni de reproches, es tiempo de preocuparnos y ocuparnos en nuestros asuntos y al mismo tiempo en los de los vecinos, en los de la comunidad…. eso es involucrarnos y  participar en la construcción de los objetivos comunes….

 

No se nos pide solucionar los grandes problemas educativos del estado, involucrémonos en la escuela de nuestros hijos, conozcamos a sus maestros. No nos corresponde brindar seguridad en la ciudad, formemos e inculquemos valores fundamentales en los nuestros. No se nos pide garantizar el estado de derecho,  respetemos las leyes por mínimas que parezcan.  Escuchemos al que piensa diferente y encontremos las coincidencias. Debatamos y aportemos para construir, no para obstaculizar. Tengamos visión de conjunto… Seamos consecuentes, eso que vivimos y queremos para nuestra familia y amigos, llevémoslo a las distintas esferas de la sociedad, incluidas sus instituciones. Atrevámonos a pensar que las cosas pueden ser diferentes.

 

Eso sí qué está a nuestro alcance… esas  pequeñas acciones en las que todos participamos orientando nuestras capacidades hacia el bien de la mayoría cambiando nuestra actitud… constituyen el bien común.

 

Eso es lograr el bien común, yo  estoy cansado de que me digan que no podemos. Podemos y debemos: tú, ¿te sumas?
 
 

jueves, 14 de marzo de 2013

“Palabra y silencio”




“Palabra y silencio”

Comunicar implica escuchar, contemplar…escuchar y hablar…palabra y silencio. Ni más ni menos. El exceso de palabra produce aturdimiento y el exceso de silencio frialdad. Se requiere en suma, un equilibrio entre la palabra y el silencio.

Desde el silencio se logra conocer al otro. Escuchando nos conocemos mejor nosotros mismos…comprendemos. El silencio es mucho más exigente pues requiere capacidad de escucha. El callar permite hablar al otro y a nosotros no aferrarnos a nuestras palabras o ideas.

Ante el exceso de información, el silencio ayuda a discernir… a ordenar.

Vivimos en México una realidad muy ruidosa que se maximiza por una descarnada verborrea política plagada de frases prefabricadas, discursos minuciosamente cuidados, teleprompters, preguntas previamente estudiadas, slogans motivadores, propuestas… lugares comunes…saliva y más saliva, uso abusivo de gerundios, promesas huecas, posicionamientos, dimes y diretes, muchos.

Somos constantemente bombardeados por respuestas a interrogantes que nunca nos hemos planteado y a necesidades que no sentimos. Hay una auténtica desconexión entre la realidad ciudadana y la “realidad de los políticos”. Cada quien trae su propia agenda y sus propias prioridades. El juego político se configura como un ejercicio de publicidad y mercadotecnia… los gobernantes recurren a verdaderas actitudes de vendedores profesionales en su  intento por demostrar una “especie” de  empatía político-ciudadana que pretende advertir que comparten nuestra indignación y necesidad de cambio…en el fondo prevalece la imagen y la pose, la postura y la sonrisa.

Concibo la democracia como un diálogo permanente entre los ciudadanos y sus representantes…un intercambio de visiones, de ideas y contrastes de una misma realidad que permiten su mejoramiento en vistas del bien común. La realidad actual evidencia por contra, verdaderos monólogos…golpeteo de labios…saliva y más saliva. Nos demuestra –en palabras de Carlos Díaz- “que no hay demasiados indignados, sino demasiados indignados cada uno de ellos con su tema”…que carecemos de una indignación común…que los indignados de hoy no somos los mexicanos (los hombres y mujeres concretos) sino tan sólo nuestras circunstancias… Y si falta el común, falta también el “algún”...el sujeto de la indignación que debiera reflejarse en aquel que pretende representarnos.

En un auténtico diálogo se intercambian informaciones, las personas se comparten a sí mismas, comparten su visión del mundo y de la realidad, sus esperanzas, sus ideales, y…eso no lo veo. ¡Cómo nos urge en esta etapa compleja al menos un poquito de silencio en nuestro país! Yo por lo pronto me siento aturdido, demasiada saliva, gerundios…ruido.

 

jueves, 7 de marzo de 2013

“ADIÓS AL FUERO PARLAMENTARIO COMO PRIVILEGIO DEL PODER”


“ADIÓS AL FUERO PARLAMENTARIO COMO PRIVILEGIO DEL PODER”

Mucho se ha escrito y discutido sobre el tema del llamado “fuero constitucional” en nuestro país. Una figura completamente desfigurada y desprestigiada por los abusos y excesos en que se había caído durante su aplicación, y que alcanzaron el culmen del cinismo y desvergüenza en el caso del diputado Godoy Toscano. Asunto que como ciudadanos nos dejó boquiabiertos y sin palabras frente a un evidente abuso de poder y un burdo caso en el que la inmunidad de los legisladores quedó de nueva cuenta equiparada a auténtica impunidad.

Es oportuno señalar que la figura del “fuero” o inmunidad parlamentaria, que es el término técnico correcto, nace como una protección de los legisladores frente a los posibles ataques lanzados en su contra por sus adversarios políticos, con la intención de preservar el cargo representativo  que ostentan y el correcto funcionamiento de las Asambleas, tratando en el fondo de garantizar el equilibrio entre los poderes del Estado. Es por tanto una protección del cargo y no de la persona que lo ostenta, que ha estado presente, aunque de diversas formas, a lo largo de la historia de los distintos tipos de estados.

Apenas hace dos días, la Cámara de Diputados –modificando una minuta aprobado en el Senado- aprobó importantes reformas a diversos artículos constitucionales en materia de inmunidad parlamentaria con la intención de acotar y definir claramente los límites de esta  <abusada> figura jurídica que conforma el estatuto básico de los parlamentarios. Considero que se trata de un avance que debe destacarse y que se configura como una reforma que pretende alcanzar el difícil equilibro entre la protección de las instituciones públicas en contra de ataques infundados de carácter meramente político y la eficacia en el  control del ejercicio del poder por parte de altos funcionarios públicos, incluidos los legisladores (diputados y senadores).

El nuevo dictamen de proyecto de reforma se fundamenta en el respeto al principio de presunción de inocencia de cualquier ciudadano y configura la sentencia de un juez penal  como el requisito de separación y retiro de inmunidad.  Deja a un lado el factor político y la facultad de las cámaras de prejuzgar sobre la responsabilidad o no del funcionario acusado, lo que en  la realidad sí que conformaba como un auténtico fuero o conjunto de privilegios de los legisladores, que en la práctica eran juzgados de manera institucional por ellos mismos y bajo sus propios lineamientos internos

Por lo que ahora, de confirmarse las modificaciones en el Senado de la República y luego por la mayoría de las legislaturas estatales -por tratarse de una reforma constitucional-,  la inmunidad quedaría  acotada a una figura que garantizará que durante el proceso penal, un servidor público pueda seguir desempeñando sus funciones como ocurre con cualquier acusado en libertad bajo fianza y en el momento en que el juez penal  dicte sentencia condenatoria que haga incompatible la sanción con el cargo público, solicitará al órgano al que pertenezca, el retiro inmediato de la inmunidad para efectos de que purgue su condena.

Es decir, ahora el servidor público sí podrá ser  sujeto a proceso penal con la única salvedad de que no podrá ser privado de su libertad hasta que exista una sentencia firme que lo declare culpable, privilegiando así el cargo y no a la persona que lo ostenta.

En el caso de autoridades locales con inmunidad (gobernador, diputados, magistrados, entre otros) deberá seguirse el mismo procedimiento, pues la minuta de la Cámara de Diputados prevé que las  legislaciones locales se arreglen a esas mismas disposiciones.

Entre otras aportaciones, la iniciativa pretende fijar con claridad que la inviolabilidad (es decir la irresponsabilidad por sus opiniones)  prevalecerá en todo momento durante el ejercicio del cargo y no solo en las actividades consideradas como legislativas o parlamentarias, con lo que se da un paso para terminar con la esquizofrénica práctica de nuestro sistema político de dividir la actuación de los legisladores en su carácter de pública y privada. Así mismo define que la inmunidad quedará acotada exclusivamente a la responsabilidad de tipo penal.

Desde el punto de vista técnico pueden criticarse algunos detalles, entre ellos el que se haya mantenido la protección absoluta del Presidente de la República exceptuándolo de la acotación de la figura de la inmunidad. Pero aun así el balance es sumamente positivo,  pues por otro lado el nuevo dictamen destierra los incentivos de tipo político en el sistema de responsabilidades que los senadores habían planteado originalmente y que contemplaba el requisito de votación del pleno para proceder al retiro de la inmunidad.

Así, a través de esta decisión, la Cámara de Diputados demuestra una visión de <avanzada> y de modernidad en un tema relevante de la tan necesaria reforma política, sin duda, uno de los más sentidos por parte de la ciudadanía. Esperemos que exista la misma sensibilidad y compromiso ante el tema por parte de las congresos estatales, para que esta reforma prospere y se concrete como un paso –no suficiente ni ideal- pero si muy significativo en el perfeccionamiento de nuestro sistema de responsabilidades de los servidores públicos y en la consolidación de un sistema democrático en el que se legitime de nueva cuenta la alicaída función parlamentaria.
 
 
 

jueves, 28 de febrero de 2013

“NADIE POR ENCIMA DE LA LEY: ¿DEBEMOS ALEGRARNOS CON LA LECCIÓN DE LA MAESTRA?”


“NADIE POR ENCIMA DE LA LEY: ¿DEBEMOS  ALEGRARNOS CON LA LECCIÓN DE LA MAESTRA?”

Frase sempiterna y recurrente, grito de guerra, lema de campaña, frase esencial de un discurso político gastado y anquilosado…rincón común de los juristas…”ideal de los idealistas” que juran y perjuran que la realidad puede ser otra y que la legalidad y el estado de derecho se constituyen en premisas básicas para su consecución.

Concepto objetivo, claro, firme, que hemos desvirtuado hasta insertarlo en un sistema político autóctono que confunde justicia con ajusticiamiento, igualdad con influyentismo, ejemplaridad con conveniencia…bien común con complicidad.

Hoy: Júbilo popular…elevación de bonos…sinónimo de fuerza, mensaje político, consenso…ajuste de cuentas…pan, circo…emotividad…sentimiento de desagravio…. En el fondo: Realidad que nos enfrenta al sistema político de simulación, de selectividad…de eficiencia intermitente que se refleja en los asuntos grandes y convenientes, dejando para mañana la resolución de lo ordinario…que nos recuerda el sistema de siempre, que relega y que esconde.

Quizás debiéramos alegrarnos de un pequeño y  al mismo tiempo gigante primer paso…no lo sé, me suena a frase hueca, me apantalla pero no me mueve. ¿Beneficio de la duda ante una nueva actitud política del grupo político de siempre?

Apenas unos meses atrás al aprobarse la reforma laboral, los mismos que hoy presumen su presa y su sensibilidad frente a los excesos e injusticias contra el patrimonio común de un grupo trabajador, cercenaron la posibilidad de incorporar democracia y transparencia a la vida de los sindicatos en beneficio directísimo de sus agremiados. Hoy “blofean” rasgándose  las vestiduras por millonarios desvíos... siempre conocidos, siempre tolerados y aún hoy protegidos.

Exceso de cosmética y poco interés por el fondo… cuando no  incongruencia. Debemos ocuparnos para evitar la restauración de un sistema en el que no pasa nada, en el que hacemos parecer…en el que simulamos. Un sistema de 70 años que nunca se fue y que hoy amenaza con fortalecerse y que tanto daño ha hecho a nuestro México. Que nos ha hecho mañosos y muchas veces inconsecuentes…sistema que apuesta por la creación de cabezas y personajes que convertidos en monstros son socialmente destruidos, para que su lugar sea ocupado por otro que responda a sus intereses y que sin un cambio de fondo nos mantiene en el círculo vicioso que hoy se evidencia.

 Un sistema que invita a no moverse, a beneficiarse del statu quo. Que inclina a tolerar lo intolerable en aras de la normalidad democrática y de la estabilidad de una nación. A vivir acostumbrados a la adrenalina que producen los golpes mediáticos de gran calado haciendo a un lado las pequeñeces del día a día. De ir avanzando…de afrontar nuestros problemas superándolos, no disfrazándolos. Cambiando de fondo…con intención…con rectitud. Con el noble ideal de apostar por el país que añoramos. Siendo congruentes.

Espero en realidad equivocarme rotundamente y despertar mañana con la noticia de que han decidido seguir por esa línea en Michoacán. Si es así, ganarán mi respeto…contarán conmigo.