lunes, 1 de julio de 2013

“LA POLÍTICA ENCORSETADA”


 
“LA POLÍTICA ENCORSETADA"


Cada día me convenzo más de que nuestra realidad política se encuentra de cabeza. Hemos caído a un sistema absurdo, artificial, donde tenemos que cuidarnos de quienes  técnicamente son nuestros mandatarios y representantes, existe en la práctica una división tajante entre la clase política y los ciudadanos, no hay conexión, ni en la agenda de temas prioritarios ni en los intereses, ni en los tiempos…lo que pareciera importante a unos no los son para otros.

La labor política se ha convertido en una actividad cíclica extremadamente mecánica y predecible, aburrida, ineficaz… estéril. Una actividad sin credibilidad y en el mejor de los casos con mala reputación. No es casualidad que el 40% de la población del país no tenga ningún interés en este tema, de acuerdo a los datos arrojados por la segunda encuesta sobre cultura constitucional dados a conocer por el Instituto de Investigaciones  Jurídicas de la UNAM.

Las grandes decisiones son tomadas cupularmente y están decretadas de antemano, y en su intento por imponerlas pretenden ser <legitimadas> a costa de lo que sea dejando en el camino claras muestras de incongruencia e imposición.

No hay lugar al mérito ni a la capacidad…se privilegia el continuismo y la sumisión ciega a los dictados del “padrino” o “mecenas”, a los intereses de los grupos que se forman al interior de los partidos políticos. Se dispone de las voluntades, se coacciona con el poder mismo…el que pone dispone, se coarta la libertad y la dignidad.

La actividad electoral bajo este esquema se reduce a una relación clientelar y mediatizada con el único objetivo de acceder al poder…lo demás poco importa. Los electores en su gran mayoría no votan libremente, se les ha maleducado a exigir <algo> a cambio de su voto, se les <moviliza>, no existe un movimiento autónomo de su parte, se trata de un apoyo artificial, condicionado, efímero… se ha mercantilizado la política.

La política así entendida deja muy poco espacio para la creatividad y la iniciativa. Invita a la estrechez de ánimo, de visión y a la poquedad. El sistema político mismo impide auténtica competencia y la mejoría que esta trae consigo…el poder es del grupo que lo detenta.

Nos hundimos en un mar de intereses particulares y de grupo que no permiten levantar la vista y enfocarnos en los problemas realmente importantes. El nivel del debate político lo dice todo. Los especialistas llaman a este fenómeno desdemocratización, los ciudadanos simplemente…grilla.

Te aseguro que si lográramos liberar a los políticos y a nuestros representantes de ese corsé impuesto, tolerado y fomentado por nuestro sistema, la realidad sería otra. El interés común debe prevalecer y eso en definitiva depende de nuestro compromiso personal en el tema.

¿Habrá alguna manera de regresarle a la labor política su reputación original? O al menos su frescura, libertad o sentido común? ¿Podremos atraer de nuevo a la gente a participar realmente por convicción y pasión en pos de un ideal u objetivo? … en suma, ¿podremos  mover nuevamente voluntades y almas? Mi respuesta, a pesar de parecer idealista, es sí…siempre y cuando los ciudadanos  impregnemos la actividad política  de nuestra propia forma de ser, de nuestro sello personal y nos animemos a entender y asumir esta noble actividad –de la cual por cierto no nos libramos jamás; la ejercemos o la sufrimos- en su sentido más amplio y noble posible.
 
 

jueves, 20 de junio de 2013

“¿ÉTICA PANISTA?”


 
“¿ÉTICA PANISTA?”


Aunado al momento de descrédito y falta de legitimidad por el que atraviesan en nuestro país y nuestro estado los partidos políticos, y por ende la actividad política y de gobierno que realizan, se suma ahora para Acción Nacional, una profunda crisis interna que ha fracturado y ha mostrado públicamente las grandes divisiones de su grupo parlamentario en el Senado.

El actual momento político se caracteriza en gran medida por un ambiente de identidad difusa, de decisiones pragmáticas e improvisadas que generan serios conflictos de interés y comprometen el aspecto ético de su actuación…por una realidad con altos niveles de impunidad, de conflictividad creciente y permanente que ha llevado a una judicialización extrema de la vida interna de los partidos, exacerbando el cálculo e interés personal frente a la acción meramente desinteresada…en el que en aras de obtener o conservar el poder se sacrifican de manera habitual los propios principios y se justifica cualquier método, medio o candidatura con el único fin de ganar.

Ante ello se hace necesario alzar la voz para exigir congruencia y un auténtico ejercicio de autocrítica y auto reflexión que lleve a los partidos, y hoy especialmente a Acción Nacional, a corregir de inmediato estas desviaciones.

Recordarles la importancia de ver reflejadas en los actos y en las políticas públicas e iniciativas que impulsen, sus ideas y principios. De la necesidad de dar acompañamiento permanente a sus  gobiernos, de desarrollar un real compromiso ético político…de sancionar de inmediato los actos de corrupción y todas aquéllas conductas de sus militantes que vayan en contra de sus principios y valores ideológicos. La exigencia consiste en que la política se supedite siempre a la ética, se trata de una exigencia de congruencia… de un mínimo de decencia y moralidad que garantice a sus militantes un piso común.

Debe tomar fuerza el reclamo prioritario para que el PAN asuma nuevamente su identidad ética y consolide su visión a largo plazo como medio democrático de acceso al ejercicio del poder. Los militantes de Acción Nacional no deben  tener miedo a hablar de ética y mucho menos de exigirla a sus pares. La  ética implica el respeto a la verdad, y la verdad es la lectura correcta de la realidad, por lo que un auténtico comportamiento ético requiere el hábito de obrar bien… de tener virtudes… de practicarlas. Es en definitiva, el arte de construir la propia vida, y de reconocer que como no vivimos aislados, nuestras acciones éticas o no, construyen o destruyen la propia sociedad y sus instituciones… de ahí podemos constatar la repercusión y la responsabilidad tan grande que las decisiones de los partidos y los gobernantes  tienen en nuestra realidad. La ética puede ser relativa en lo accidental, pero no debe serlo en lo esencial.

Por ello es impostergable que trabajen decididamente a su interior en la formación de liderazgos y de cuadros que encarnen de manera clara y congruente el ideario y valores  que debería caracterizarlos, y que constituye la diferenciación natural respecto de los demás partidos políticos.

Ese ejercicio sin duda alguna implica en primerísimo lugar un cambio personal –no solo a nivel teórico- sino llevado efectivamente a la práctica,  una auténtica forma de vida basada en los principios que se dicen profesar,  y en segundo lugar, un cambio organizacional que contemple el respeto y asimilación de una serie de valores mínimos que son compartidos por los integrantes de un grupo para darle cohesión y continuidad a lo largo del tiempo. En el fondo toda ética es una propuesta sobre virtudes y las virtudes son esenciales para gobernar y dirigir.

Como se ve, se trata de requisitos nada sencillos sin los cuales todo discurso o incluso, todo ejercicio sensato tendiente a lograr la implementación de una cultura ética, será sin duda, infructuoso. El éxito dependerá en gran medida de la capacidad y habilidad de los líderes para conjugar factores de desarrollo personal y de cooperación que permitan presentarlo como un esquema de ganar-ganar, pero sobre todo su eficacia radicará en su propio compromiso personal. Tarea nada fácil, pero imprescindible hoy –incluso- para lograr su subsistencia.
 
 

jueves, 13 de junio de 2013

“Reivindicar en la práctica los derechos humanos: compromiso ineludible”




“Reivindicar en la práctica los derechos humanos: compromiso ineludible”


Inmersos de lleno en un ambiente caracterizado por la ausencia de referentes y una profunda crisis de ideas, de convicciones y de acciones que condicionan y determinan los sistemas políticos, económicos y sociales, y que ponen muchas veces en entredicho la dignidad de la persona, los derechos humanos se constituyen en elementos esenciales para cooperar en la construcción de un auténtico sistema político, en el que el objetivo sea lograr el equilibrio esencial en una sociedad plural, más no pluralista.


Bajo la óptica de la realidad cultural vigente, si los comportamientos sociales vienen determinados por los hechos, y las leyes son el resultado de cierta mentalidad dominante expresada en el consenso y en el acuerdo de las diversas posturas, los derechos humanos se reducen a una mera opción humana más, que sería tan legítima y tan válida legal y  moralmente como su contraria. Es la paradoja del relativismo que se funda en un absoluto con el que se explica la igualdad de todas las posturas y de todas las concepciones en torno a la interpretación del hombre y de la sociedad. Por tanto, si no hay un deber ser objetivo, no puede condenarse en defensa de los derechos humanos ninguna conducta, ley, sociedad, estructura… ningún régimen jurídico ni gobierno alguno.

Ante ello es fácil percatarse del peligro del vaciamiento de contenido de los derechos en una sociedad pluralista en la que se desconocen referentes válidos y objetivos y en la que todo queda reducido a fuerzas sociales o a las conciencias de los individuos.


En consecuencia, si se vacía de contenido ideológico al hombre, no será raro después caer en posiciones que basadas en una supuesta “legitimidad democrática”, generen y justifiquen auténticos antiderechos (“despenalización de drogas democrática”, “aborto democrático”, “eutanasia democrática”, etcétera, etcétera).


De ahí la importancia de entender la justificación y fundamentación propia de los Derechos Humanos como principios que garantizan y concretan las exigencias de la dignidad, libertad e igualdad humana.
 
En una época de turbulencia moral, política y social como la actual, los derechos humanos y la libertad deben reivindicarse no solo teóricamente sino también de manera práctica. Esto implica un serio compromiso por parte de los estados y de sus ciudadanos para recuperar, replantear –en clave posmoderna, con creatividad- y llevar a la práctica de manera congruente, los principios básicos de los derechos humanos.

Solamente así, mediante acciones y hechos concretos, vividos día a día, política pública a política pública, ley a ley, se podrá reconquistar la confianza en favor del bien común, camino único para el respeto de la libertad que es servicio a la paz que reclama nuestra realidad.

Esta crisis de la verdad y de la realidad es ante todo una crisis propia de los derechos humanos. La vigencia de estos guarda una íntima relación con la paz y la democracia, al ser un medio idóneo para encauzar una auténtica libertad. Sin derechos humanos no hay democracia y sin democracia no hay paz. Aquí otra gran paradoja de nuestra época: vivimos en el tiempo de los derechos pero cada vez con menos justicia y paz.

En el fondo lo que se propone, es que, frente a la actual crisis democrática que privilegia el pragmatismo frente a todo argumento ético, regresemos a las bases y a los principios que son los que en definitiva justifican la existencia y vigencia de los derechos humanos.
 
 

jueves, 6 de junio de 2013

“TRILOGÍA BÁSICA: LIBERTAD, DERECHOS HUMANOS Y DEMOCRACIA”


 
“TRILOGÍA BÁSICA: LIBERTAD, DERECHOS HUMANOS Y DEMOCRACIA”

La libertad es la manifestación de la dignidad personal, es la expresión del dinamismo del ser que permite la autodeterminación de cada persona. La libertad se presenta como el concepto clave para explicar el ámbito de autonomía del hombre en la sociedad y como límite a la actuación de los poderes del Estado. Se presenta como la manifestación de la autonomía de la persona, no absoluta, sino referida a la estructura ontológica de su ser personal.

Es el supuesto de la democracia y de los derechos humanos, pues da soporte y justificación a todas las libertades públicas de los ciudadanos desde las más esenciales como son las de conciencia, religiosa, de pensamiento, de cátedra, de prensa, etc.

Si aseguramos que la libertad depende fundamentalmente de la verdad, solo podremos enjuiciar  la sociedad y la democracia actual si se adopta como punto de partida la verdad acerca de la persona humana y de la propia sociedad. Solamente así, la democracia se justifica y legitima en la verdad sobre la persona humana que también incluye la verdad sobre la libertad.

Entiendo la democracia como la forma de organización política acorde a los derechos humanos por la promoción de libertades y derechos que ella implica, la democracia es en el fondo, la ideología propia de los derechos humanos, ya que en su fundamento encarnan la dignidad del hombre.

Por lo tanto, no es el consenso democrático el que configura la libertad ni los demás derechos humanos. El consenso solo es posible respecto de algo sustancial (firme, no pactado). Al contrario, los derechos humanos deben ser el fundamento para que exista el consenso democrático.

Lo anterior tiene importantes repercusiones en la vida práctica del ejercicio de gobierno, solo piénsese en las negociaciones legislativas, la aplicación de las leyes o la orientación de políticas públicas. Es urgente dotar de contenido y de referentes la actuación de los partidos que se insertan en un sistema basado en un dinámica permanente de búsqueda de acuerdos y consensos.

En el fondo lo que se propone, es que, frente a la actual crisis democrática que privilegia el pragmatismo frente a todo argumento ético, regresemos a las bases, a los principios.

 

viernes, 31 de mayo de 2013

“DERECHOS HUMANOS: NECESARIA UNIDAD ENTRE LA PLURALIDAD Y EL PLURALISMO”


“DERECHOS HUMANOS: NECESARIA UNIDAD ENTRE LA PLURALIDAD Y EL PLURALISMO”

Cuando se habla de pluralidad, se hace referencia al hecho que reconoce la variedad o diversidad de los elementos que conforman un todo, idea que no resulta extraña considerando que la vida social está formada por personas distintas, seres enteramente otros. Es decir, lo natural de la sociedad es ser plural.

El pluralismo en cambio, es el principio que estima que esa pluralidad debe ser reconocida como estado necesario o normal de la sociedad. Constituye en sí mismo un juicio de valor mediante el cual se adopta una postura respecto de la organización misma del estado. Es la expresión más palpable del relativismo actual que pregona que cualquier idea, convicción o creencia es igualmente deseable sin importar su contenido ni su referencia a la verdad.

En un ambiente dominado por el relativismo, se corre el riesgo de reducir la verdad a la mera opinión. No hay de suyo nada bueno ni malo: o todo es aceptable o es la mayoría la que determina aquello que debe realizarse. La moral así entendida se reduce a una actividad meramente individual, un problema de conciencia –autónoma- que fija el contenido de verdad entre bien y mal, descartando todo criterio objetivo por sí mismo.

La legalidad y la moralidad se difuminan. La ley como expresión del pluralismo es pactada por las mayorías y su contenido no se determina con base en algo objetivo. De esa manera, una sociedad pluralista termina siendo una sociedad permisiva en la que la moral o la ética devienen en simples normas que representan el deber ser… en meras represiones, tabúes, imposiciones o convencionalismos sociales de los cuales es preciso liberarse. Ya se ve que el pluralismo tiene sus límites: solo puede predicarse respecto de lo meramente opinable, es imposible extenderlo a todos los órdenes ya que la sociedad requiere de ciertas verdades objetivas para subsistir como tal.

Es por ello que a nivel social no basta tan solo respetar la pluralidad, se requiere de la unidad que ordene a los integrantes de una comunidad hacia un objetivo o fin común. Esa es precisamente la función de los derechos humanos, que se constituyen en la actualidad como la liga o base común consensada que, independientemente de posiciones naturalistas o positivistas, orienta la actividad social hacia la consecución del fin que se comparte. Pero esos derechos humanos para serlo, tienen que estar referenciados y anclados a un principio objetivo y verdadero, y a unas ideas, y… a acciones congruentes que le den vida orientándolos al fin propio de la persona.

La finalidad de los derechos humanos es favorecer el desarrollo integral de la persona humana, potenciando todas las posibilidades derivadas de su condición. Instalan al hombre en la comunidad política dotándolo con un estatus congruente a su dignidad de persona que limita al Estado y  su poder orientándolo a su servicio. En otras palabras, los derechos humanos son la expresión jurídica de la dignidad humana que propugna por que el estado satisfaga las necesidades básicas del ser humano, siendo la primera el vivir en libertad y en condiciones adecuadas para el desarrollo de su personalidad.

En la práctica fungen como la órbita personal de la libertad, de la autonomía, de los derechos que al limitar al poder se constituyen en su propia fórmula de legitimidad política, y son en suma, la condición necesaria para que los hombres participen en libertad de los provechos del bien común público.  De ahí la necesidad de proyectarlos y aterrizarlos en condiciones de bienestar común y de acceso real para todos los ciudadanos.

En el caso de Michoacán se acerca una coyuntura importante pues estamos en pleno proceso de renovación del consejo ciudadano de la Comisión Estatal de Derechos Humanos. Se trata sin duda de una oportunidad de impulsar la institucionalización de esta noble y trascendental institución.

 

jueves, 23 de mayo de 2013

“EDUCACIÓN EN MICHOACÁN: ENCONTRAR LO COMÚN EN LA DIFERENCIA…TENDER PUENTES”


 
“EDUCACIÓN EN MICHOACÁN: ENCONTRAR LO COMÚN EN LA DIFERENCIA…TENDER PUENTES” 

Soy un fiel convencido de que el cambio cultural es el único medio que permitirá que los mexicanos y a los michoacanos resolvamos de fondo nuestra compleja situación actual. Se trata sin duda de un cambio de largo alcance con efectos a mediano y largo plazo…la cultura se crea a través de la educación. Además toda cultura está siempre en cambio y en apertura hacia otras expresiones…pero precisa la disposición a dialogar y escuchar a los otros.

Es verdad que el panorama de la educación en Michoacán no es nada alentador. Así lo atestiguan los principales indicadores y pruebas especializadas en la materia. La exclusión, la inequidad, la deserción, el crecimiento de la cobertura –muchas veces contaminada con visiones políticas-…en fin, la desvinculación de un sistema que no responde al nivel, a la calidad y a las características culturales y específicas de sus destinatarios y por tanto poco significativa…son problemas anclados de manera permanente en la realidad educativa formal de nuestro estado.

Tender puentes significa hacer un esfuerzo por dejar de lado nuestra sempiterna visión unilateral de la realidad para dar cabida a la posibilidad –de al menos- considerar la de los demás…de construir siempre hacia adelante, con el objetivo claro de llegar al otro lado partiendo de un punto común…de preocuparse más por lo que viene que por lo que ya pasó…de ir al futuro, pero siempre juntos.

Tender puentes implica superar la visión reduccionista que sostiene que el tema de la educación está restringido solo para los educadores y especialistas. Sino todo lo contrario, dada su importancia y repercusión… implica el compromiso de una responsabilidad compartida. Que se requiere revalorar la figura del maestro y recuperar su sentido de autoridad y dar seguimiento y acompañamiento permanente a cada uno de ellos…y recordarles su auténtica vocación como guías que no solo enseñan, sino sobre todo que viven con convicción y pasión lo que enseñan.

Tender puentes requiere entender que el objeto de la educación es la formación integral de la persona…que la formación en valores conlleva congruencia y su aplicación práctica en hábitos operativos que son las virtudes, y que por tanto, no basta con aspirar a la “excelencia académica” ni a cumplir objetivos, sino más bien aprender y enseñar a pensar, a ser críticos…llegar a descubrir la auténtica dignidad y vocación de servicio así como la personal responsabilidad para ser capaces de asumir las necesidades de los demás…pero siempre desde la visión del otro…respetando en todo momento su identidad. Es necesario, en palabras de Traslosheros, “renunciar al discurso maximalista que no sólo reivindica la propia posición como la única cierta, sino que exige el aniquilamiento del otro”.

El desarrollo educativo implica por tanto una mirada crítica hacia la historia y una actividad propositiva hacia el futuro…desde el inicio, y hasta el final del puente. Su construcción hoy pasa por el diálogo de las historias particulares de cada uno de sus protagonistas, llámense alumnos, maestros, familias, instituciones educativas, medios de comunicación…Implica una serie de interrelaciones personales e institucionales de mucha complejidad que implica a la sociedad ¡toda!

La educación así entendida es comunicación y crecimiento personal que llega a convertirse en cultura y fomenta la socialización entre todos sus integrantes contribuyendo en definitiva a la mutua comprensión y colaboración. La persona se forma no solo en la escuela o en la casa, sino mediante el respeto y la aceptación de los demás…la educación tiene una importancia fundamental para la formación de las relaciones interhumanas y sociales.

Tender puentes es… reconocer que la auténtica educación conlleva el personal protagonismo, el hacerse dueños de la propia historia…es saber que educar es crear siempre una novedad desde la realidad personal y social que somos…aceptar que la realidad se explica por la realidad histórica que se escribe con las propias decisiones en el hoy…es querer que la educación sea presente como un camino para seguir escribiendo la historia como una novedad… es amar la verdad independientemente de quien la diga…sabiendo que la verdad no es posesión sino encuentro…es en suma… crecer en humanidad.

En definitiva…tender puentes para la educación en Michoacán significa hoy…mantener la confianza de que a través del diálogo es posible una nueva realidad… y de que, a pesar del abismo –que parece abrirse en el tema y entre las distintas posturas-…no solo es factible encontrar lo común en la diferencia, sino que es obligatorio que comencemos desde ese punto en común su construcción.
 
 

jueves, 16 de mayo de 2013

“NI TANTO QUE QUEME AL SANTO, NI POCO QUE NO LO ALUMBRE. EL CASO MICHOACÁN”


 
 “NI TANTO QUE QUEME AL SANTO, NI POCO QUE NO LO ALUMBRE.  EL CASO MICHOACÁN”

En el momento en que escribo esta líneas, el grupo de normalistas atrincherados en la meseta purépecha que secuestró personas y cosas, no solo mantiene retenidos a elementos policíacos y unidades de transporte de personas y mercancías en total impunidad…sino que día con día aumenta su cuota y número en franca burla a la “autoridad”. Todo esto frente a la omisa e irresponsable respuesta de un gobierno estatal que pretende justificar –con la esperanza quizá de que la continua repetición del argumento y referencia a ese bien supremo al que llaman diálogo y gobernabilidad- llegará a convencernos en algún momento de que su concepto de legalidad no incluye la facultad discrecional de aplicar o no la ley dependiendo de la oportunidad y el  costo político que una decisión de este tipo les acarreé. Olvidando  que la inaplicación de la ley no es solo una falta al juramento y protesta formal al que la  constitución los obliga en su condición  de autoridades, sino una causal de responsabilidad tanto administrativa, política o incluso penal ante una omisión o falta grave en el cumplimiento de sus obligaciones básicas.

Por otro lado, y ante la compleja situación del Estado un grupo de senadores plantea la posibilidad de solicitar la declaratoria de desaparición de poderes en Michoacán. Sin duda una postura extrema para una situación que a su juicio es igualmente extrema… pero que, difícilmente prosperará. La figura de la desaparición de poderes es una atribución que la Constitución Política de nuestro país contempla para permitir la intervención federal en los asuntos de los estados que han caído en una situación de comprobada ingobernabilidad, que justifica –para proteger la integridad del pacto federal- que el Presidente de la República nombre a propuesta de una terna que le presente el Senado, un gobernador provisional con el encargo de convocar elecciones en un término máximo de 3 meses.

Queda claro que la declaración de desaparición de poderes no resuelve por sí misma los problemas, y aunque se orienta a suplir los vacíos de poder, al tener una carga política tan grande, poco o nada abona a la estabilidad institucional de un estado que,  “emproblemado”, omiso y tibio en su actuar, formalmente sigue funcionando. Esta figura ha sido invocada, desde su inclusión constitucional en 62 ocasiones, de las cuales solo se han materializado 4 casos en los procedió el nombramiento de nuevas autoridades…uno en la guerra cristera, otro por rebeliones en algún estado que obligó al gobernador y a sus diputados locales a huir o por la existencia de dos gobernadores en turno. En 1920 se solicitó para Michoacán sin éxito alguno.

Con esta iniciativa los senadores panistas pretenden asumir su juego logrando escalar el tema Michoacán a la palestra nacional ante el silencio y la inacción de la autoridad estatal, con  la intención de poner en la mesa e ir preparando el escenario (contemplado por la propia constitución del estado) que ante la falta absoluta del gobernador sean convocadas nuevas elecciones.

Valdría la pena en todo caso, más allá de un mero posicionamiento político, analizar seriamente medidas más realistas y contundentes y a mano localmente, como la desaparición de ayuntamientos. Medidas que tengan como finalidad realmente restablecer la gobernabilidad de las zonas y poblaciones en las que de facto han desparecido los poderes y que están  puntualmente identificadas, como el caso de los municipios de Cherán, Buenavista (La Ruana), etc. De esa manera, se podría evitar un mayor impacto negativo –al ya existente- tratando de resolver los michoacanos nuestros propios problemas político-institucionales, dejando para el apoyo federal la intervención inmediata en temas emergentes como pudieran ser la seguridad y el combate al crimen organizado mediante el apoyo del ejército o un posible rescate financiero a través de un ambicioso programa de inversión.

Entiendo y comparto la urgencia y sentimiento de orfandad y frustración…

 Sea este pues, un llamado a la cordura y objetividad a los actores políticos para que la solución intermedia que exige la realidad michoacana sea asumida a cabalidad con los ojos puestos en la estabilidad que este estado reclama… ni la tibieza e inacción de la autoridad para aplicar la ley, ni la generalización del estado de emergencia en Michoacán… ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre.