miércoles, 21 de agosto de 2013

“¿HASTA CUÁNDO LO PERMITIREMOS?”


 
 “¿HASTA CUÁNDO LO PERMITIREMOS?”

Los “plantones” y “bloqueos” de ayer en la ciudad de Morelia no representan ninguna novedad para los que aquí vivimos. Nos hemos acostumbrado a ellos y a muchas cosas más incluyendo la prestación de malos y deficientes  servicios públicos  -el de la legalidad primero-. Los ciudadanos hemos sucumbido ante la cultura imperante por prisa, dejación o por franca complicidad. Todos nos quejamos…”la tiranía de las minorías”, “somos más la gente buena”…pero debemos reconocer nuestra parte de responsabilidad en la consolidación de esa nociva y perniciosa cultura de manifestación que hace del chantaje y de la afectación general su clave de éxito…el pueblo contra sí mismo.

No veo a la autoridad poniendo orden ni haciendo respetar los derechos de los michoacanos, ni mucho menos alzando la voz…solo un grupo de burócratas que reaccionan mecánicamente, tratando de sortear imbécilmente las “tomas” o “plantones” mientras se instala la “mesa de negociación”, para una vez llegado el acuerdo firmar la “minuta”, lo que en la práctica supone la concesión de prerrogativas o beneficios a los manifestantes, posponiendo en definitiva la solución a los conflictos de siempre, con los mismos de siempre…los que han hecho del sistema político-social de Michoacán su forma de vida.

Pareciera que en cada marcha o plantón se disipara la responsabilidad, dando lugar a su vulgar aceptación como parte de una cultura de manifestación hoy tan ilegal como cotidiana. Una sucesión de noticias que se repiten iguales en todas las ocasiones, conformando un ciclo negativo perpetuo: plantón…afectación…negociación…crítica y quejas de los perjudicados en los periódicos…nuevo plantón. Un ciclo interminable que una y otra vez vulnera la poquísima “autoridad” y legitimidad de nuestras instituciones.

Seamos claros, las cosas por su nombre. Basta de eufemismos que suavizan las palabras y conceptos, justificando la complicidad: Se trata de plantones y secuestros,  muchas veces (de bienes  y personas)…acciones tipificadas como faltas administrativas o delitos, así expresamente contempladas en las leyes y que por lo tanto las autoridades deben hacer cumplir, al menos en teoría.

Mucho se ha hablado de la necesidad de regular marchas y manifestaciones, sin embargo hoy en día, las leyes vigentes en Michoacán prohíben ese tipo de cierres a la vialidades…pero a pesar de ello la autoridad los permite, en lo que constituye una franca omisión a su deber de conservar el orden público y la vigencia de los derechos humanos de los ciudadanos. Piénsese en el derecho al libre tránsito, al derecho a la salud de quien desde una ambulancia estanca su paso al hospital…o, el derecho al trabajo de los que se ven afectados por el cierre de sus fuentes de empleo…así la lista de derechos vulnerados sería muy amplia.


Ante este escenario es menester que aceptemos la realidad social actual y entendamos que ser ciudadanos de hoy en Michoacán implica comprometerse, actuar, hacer valer y exigir con fuerza nuestros derechos y al mismo tiempo cumplir congruentemente con nuestras obligaciones…complicarse la vida.

Sigo considerando, a pesar de la debilidad del gobierno y de sus instituciones,  que el nuestro es un estado de leyes –al menos formalmente-, y mientras se albergue esa esperanza, creo que tenemos el compromiso de intentar el cambio de paradigma cultural…de luchar por los mismos medios  e instrumentos que el derecho y las leyes nos proporcionan a los ciudadanos para mantener en su cauce el actuar arbitrario, omiso y timorato de la autoridad.

Ayer, un grupo de ciudadanos ha puesto el ejemplo presentando una demanda por las omisiones de los legisladores federales al incumplir los plazos para la emisión de nuevas leyes relacionadas con las candidaturas independientes. Exigen su responsabilidad dentro de un sistema jurídico que la contempla en el papel, pero que la niega en la práctica. Será muy interesante seguir el asunto y ver cómo lo resuelve el Poder Judicial…eso es cultura de exigencia y de rendición de cuentas.

¿Qué esperamos en Michoacán?...¿por qué no empezamos a presentar quejas ante la Comisión Estatal de los Derechos Humanos por la omisión de la autoridad en el cumplimiento de sus deberes esenciales que traen como consecuencia el que se vulneren nuestros derechos fundamentales?...¡algo tiene que pasar!

...justificaciones hay muchas y de todo tipo… y la pregunta seguirá en el aire… ¿hasta cuándo?...Hasta qué los ciudadanos lo permitamos, pues hay medios jurídicos a mano...
 
 
 

jueves, 15 de agosto de 2013

“AUTONOMÍA DE MENTIRITAS”



“AUTONOMÍA DE <MENTIRITAS>”

Soy un fiel convencido de que, ante la debilidad institucional del Estado de Michoacán, que se refleja claramente en el nivel de alcance y eficacia de su gobierno,  los cambios profundos deben venir de la construcción de un auténtico estado de derecho y de la transformación -no solo reforma- de paradigmas por parte de ciudadanos y gobernantes que traiga como resultado un cambio cultural ajustado a la realidad.

Sin duda que uno de los caminos que tenemos a mano, es el fortalecimiento real de los “organismos autónomos”, que son los que permiten de alguna u otra manera influir “institucionalmente” en el complejo andamiaje estatal. Finalmente esa es su razón  de ser y existir como tales, pues han sido pensados para equilibrar y vigilar el ejercicio del poder a través de la dotación de autonomía presupuestal y  de gestión.

¿Cómo exigimos los ciudadanos que los gobiernos cumplan con la calidad y cantidad de los servicios públicos que brindan y que todos sufrimos a diario? ¿Cómo exigir que la actuación de la autoridad se ajuste invariablemente a lo previsto por la ley? ¿Cómo hacer que el gobierno reaccione ante su indiferencia e inacción frente a las vulneraciones burdas y flagrantes de derechos  básicos, en absoluta omisión de su función?

Y si te digo que hoy por hoy,  la autoridad encargada de vigilar los exceso, abusos y omisiones del gobierno -y que debiese tener plena autonomía- recibe su presupuesto mes a mes de la Secretaría de Finanzas del Gobierno del Estado…incluso los sueldos de sus funcionarios. Que si hay huelga en el Ejecutivo se paraliza también su operación… como abogado me confunde, me sobrepasa por kafkiano…como ciudadano me indigna y me interpela. El vigilante recibiendo el pago del vigilado…y además con algunos trabajadores que responden –incluso a derechos sindicales- al sujeto vigilado. No entiendo. ¿Y la autonomía presupuestal y de gestión consagradas en la constitución?

Si esto resulta inconcebible, en el caso concreto de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos debiese ser inadmisible, pues la autonomía se presenta como su única garantía para el cabal cumplimiento de su función en defensa de los ciudadanos.

Nos hemos acostumbrado a un sistema político de formas y de incongruencias que tienden a mantener el statu quo. No hay alicientes ni incentivos para el cambio institucional…no convienen, incomodan. Están bien para el discurso, pero no para aplicarlos…comprometen…

Requerimos organismos autónomos, realmente “autónomos”. En el papel y en los hechos… Fuertes, con presencia ciudadana…con autoridad. Que sean escuchados, y respetados y tomados en cuenta. Que tengan independencia para, llegado el caso necesario, plantar cara al gobierno en defensa de los ciudadanos. Con autonomía de hablarse de tú a tú con los demás poderes estatales.

Deberíamos ir examinando, más allá de posiciones “rescatistas” o “salvacionistas” por parte de la Federación, soluciones locales que fortalezcan de verdad las instituciones a largo plazo… que permitan que el estado camine por sí mismo sin estar pensando permanentemente en que seamos rescatados desde fuera.

Ahí un tema claro para la agenda legislativa…que lancemos el reto para que los diputados y el Gobierno del Estado faciliten la consolidación –en la práctica- de la autonomía de la Comisión de los Derechos Humanos. Eso requiere que los actores políticos se comprometan a empatar la teoría con los hechos…y si no fuera así, que los ciudadanos empujemos los cambios requeridos, en eso se nos va la vida!

 

 

lunes, 12 de agosto de 2013

“ACUERDO POR MICHOACÁN… DE LA MESA A LOS HECHOS”


 
“ACUERDO POR MICHOACÁN… DE LA MESA A LOS HECHOS”

Reconozco que no soy partidario de los pactos, pues normalmente contienen un catálogo de buenas y muy retóricas intenciones…. llenas de gerundios: “haciendo”, “buscando”, -“construyendo”, “logrando,” y el sinfín de “endos” que se imaginen…acciones en permanente e infinita consolidación. Además suelen versar sobre acciones, posiciones o compromisos que no son facultativos de la autoridad, sino lo contrario…su principal obligación y razón de ser. Así que pactar lo que por ley, por naturaleza, por obligación debe hacerse…me parece innecesario.

Sin embargo hoy en día, también creo que hay que celebrar sin duda el acuerdo por mínimo, básico o esencial que parezca, pues vivimos un momento en que las coincidencias parecen lejanas, incluso en algunos casos como el nuestro en Michoacán…inalcanzables. Sin duda que construir y ponernos de acuerdo es y debe ser la prioridad actual.

El Pacto por México firmado por el Presidente Peña Nieto y los representantes de los principales partidos nacionales (PAN, PRI y PRD), que es el antecedente de este ejercicio en Michoacán, fue una especie de preámbulo del Plan Nacional de Desarrollo donde se consignaron los principales compromisos del Ejecutivo en materia de políticas públicas en diversos rubros -derechos y libertades, crecimiento económico, seguridad, transparencia y gobernabilidad-, así como los compromisos de las fuerzas políticas representadas en el Congreso para sacar adelante una ambiciosa agenda legislativa. ¡Muy bien!, gobierno, partidos políticos… Sin embargo los grandes ausentes somos los ciudadanos. Aquellos a quienes en la mecánica de operación del Pacto se nos considera para un posible seguimiento y evaluación, pero no para el diseño o ejecución, tareas que reserva para los órganos rectores y  técnicos del pacto, los cuales están conformados por representantes del Gobierno Federal y de los partidos políticos.

Se viven en nuestro estado condiciones muy interesantes en las que las ganas de participar y aportar algo a resolver nuestra complicada realidad son evidentes. Es imprescindible que los organismos intermedios tengan clara su vocación y finalidad para de esa manera lograr ser efectivos en la articulación de esfuerzos concretando avances objetivos y medibles.

Cualquier esfuerzo que se haga en Michoacán deberá contar con el aval y la legitimidad ciudadana si de verdad se busca llevarlo a la práctica. Es necesario que se acuerden los temas comunes y formular un verdadero compromiso de todos los gremios  y sectores para cumplirlo avanzando paso a paso. ¿No valdría la pena que lo firmaran y avalaran con serio compromiso los maestros, transportistas, campesinos, etc. que serán y seremos los principales afectados o beneficiados? Sobre todo en una etapa en que los ciudadanos “estándar” o de a pie, nos debatimos entre seguir dándonos de frentazos por tratar de ir -de cierta manera- a contracorriente o ceder ante la cultura “cívica” y “legal” imperante.

Se requiere de la voluntad política decidida de todos los involucrados, lo contrario supone papel mojado…una mera carta de buenas intenciones. Y… Michoacán ya no aguanta más, cada día que pasa es un valiosísimo tiempo perdido. Tenemos que decidirnos de una vez y para siempre si queremos hacer las cosas o no…pero no quedarnos empantanados en el  eterno sobrediagnóstico.

Bienvenido el acuerdo…pero el cambio no es de afuera hacia dentro…de los partidos y del gobierno hacia la ciudadanía, sino de la ciudadanía hacia las instituciones…que en última instancia son un fiel reflejo de nuestra sociedad.

Los ciudadanos debemos entrarle a realizar una propuesta netamente “ciudadana” de Acuerdo por Michoacán, que incluya el diseño, la ejecución y la evaluación de las políticas públicas que se propongan, no solo al seguimiento y evaluación de las propuestas gubernamentales y partidistas… Esa es la única manera de asegurar que el gobierno –que hoy acuerda como uno entre muchos- logre consolidar en políticas públicas eficaces todas las buenas ideas e intenciones que de aquí surjan…ese será en definitiva el auténtico éxito de un ejercicio de este tipo…

¡De la mesa a los hechos!
 
 

jueves, 1 de agosto de 2013

“OBJETIVAMENTE… ¿MICHOACÁN PUEDE CAMBIAR?”


 

 
“OBJETIVAMENTE… ¿MICHOACÁN PUEDE CAMBIAR?”


Que difícil escribir algo elocuente en la situación actual…algo objetivo, constructivo y esperanzador que levante el ánimo  sin caer en la mera ilusión de la utopía. Tanto se ha dicho y escrito al respecto que encontrar un punto medio, más allá de posturas ideológicas, intereses particulares o meras opiniones, parece una labor más que imposible.

Coincido con aquellos que afirman que para escribir sobre la situación de Michoacán hay que vivirla y estar aquí…pero también creo que el escuchar las visiones del exterior –por exageradas que estas sean- nos puede ayudar a evaluar nuestra situación actual y buscar soluciones a la mismas superando nuestras propias barreras.

Es un hecho que a los michoacanos nos invade una situación de emboscada permanente. De peligros, asechanzas y problemas que nos orillan en el camino y pretenden postrarnos en una actitud de pesimismo y derrota…de miedo…de inmovilidad y de desesperanza ante el hecho de que la realidad pueda ser distinta. Una especie de destino manifiesto que comienza a enraizar en la base social de nuestro pueblo ante el silencio e inacción de muchos que debieran alzar la voz.  Otros, los menos, víctimas ya de sus flagelos, se ponen en movimiento tratando de disuadir al resto de la necesidad de actuar. En el fondo una nube tóxica que distorsiona la manera en cómo nos vemos y solucionamos nuestros problemas condicionando en definitiva nuestra realidad.

Es momento de afrontar valientemente esa realidad, entenderla…sentirla y reaccionar en consecuencia. No huyendo de ella…aceptándola responsablemente para comprometerse y  entregarse en la misión que implica cambiarla. Sabiendo que quien actúa depone la propia actividad ante los derechos de los demás. Empleando todas las energías y capacidades en favor de los demás…con la generosidad de entregarse sin ver incluso los resultados.

Es necesario ponerse frente a frente con la desilusión, con nuestra indiferencia…con nuestras omisiones…con percepciones externas, quizás lejanas, pero ajenas. Reconociendo en el fondo, que entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta cabe siempre el diálogo…ese diálogo constructivo que consiste en hablar con altura buscando con sinceridad escucharnos y entendernos…ese diálogo que reconoce que todos tenemos algo bueno que aportar y todos podemos recibir algo bueno en cambio. Escuchando de verdad lo que dice Michoacán, no solo sus políticos y sus gobernantes, que siempre representarán solo una de sus aristas -cargados hacia lo suyo las más de las veces- sino su gente, pero además escuchando y valorando en su justa dimensión, lo que se dice de Michoacán fuera de nuestro estado.

Por supuesto que motivos para el desánimo hay, pero ante ellos se alza con fuerza esa esperanza que surge de entre la frescura de la utopía y la experiencia cruda de una realidad muy dura. Una esperanza que cambia paradigmas…que vence nuestra autoreferencialidad, al permitirnos superar la autocomplacencia de la propia visión interna frente a la evaluación y percepción externas… que nos permite vernos desde afuera objetivando nuestra propia imagen…que nos permita captar la inmensa riqueza de la realidad evaluándola con ojos de un sano realismo.

Hacen falta confianza y mucha “humildad social” para reconstruir la cultura del encuentro que nos permita a los michoacanos superar la adversidad y mantener viva la esperanza -con constancia y coraje- de que las cosas pueden ser distintas, pero que ello nos implica personalmente.

Se requiere entender de una vez y para siempre que la urgencia de la situación de hoy en Michoacán no admite más el que nos sigamos peleando o responsabilizando entre nosotros, generalizando la indiferencia y fomentando más la apatía. Los verdaderos adversarios y enemigos de Michoacán los conocemos, y son otros. Lo que nos corresponde es asumir y cambiar lo que cada uno tiene a mano y bajo su propia responsabilidad.

¡Michoacán no cambiará si primero nosotros no cambiamos!
 
 

jueves, 18 de julio de 2013

“MICHOACÁN: ¿ESTADO FALLIDO?"


 
 “MICHOACÁN: ¿ESTADO FALLIDO?"

La semana pasada circuló intensamente la columna del periodista Carlos Loret de Mola (Historias de reportero) en la que a partir de supuestos informes de inteligencia del Gabinete de Seguridad Federal, la gobernabilidad del estado ha sido una “pesadilla” y que prácticamente toda la actividad económica, política y social se encontraba cooptada y controlada por un cártel de la droga, concluyendo con la afirmación de que “Michoacán califica como el segundo estado fallido de México”.

El “Estado fallido” es un concepto tan novedoso y polémico –que incluso al día de hoy no encuentra consenso en la doctrina de la Teoría General del Estado-. Se considera como tal aquel estado que pierde el control físico de su territorio o el monopolio de la fuerza, aquel en el que existe una fuerte erosión de la autoridad, que no puede hacer cumplir la ley dada la altísima corrupción que le incapacita, incluso, para suministrar servicios básicos y  mantener relaciones con otros estados. Un estado marcado por la fuga de talentos y una migración masiva, con déficit económico, alta marginación y una desequilibrada distribución de la riqueza… en definitiva un estado que es incapaz de resolver sus problemas por sí mismo, que requiere una injerencia esencial del exterior.

Las condiciones de Michoacán distan mucho de ser las óptimas, y los michoacanos las conocemos perfectamente. Pero de ahí a afirmar que se trata de un estado fallido hay un gran abismo.

En lo personal, y  sin dejar de reconocer la gravedad de la situación, discrepo que Michoacán sea un estado fallido. Es un estado con muchas fallas institucionales ¡cierto!,  pero finalmente existe un mínimo de orden, y sus instituciones, si bien débiles y, algunas incluso corrompidas… siguen funcionando  y en pie a pesar de los pesares. Se mantiene cierto orden social, los servicios básicos se brindan con normalidad –que no con la calidad y eficacia que se quisiera-. La violencia extrema está focalizada en determinadas regiones de su geografía y responde a un problema de crimen organizado perfectamente identificado.

Sí que creo es necesario realizar un diagnóstico serio y objetivo que reconozca las amenazas, pero que con sensatez retrate la realidad de nuestro estado. Sin extremismos…ni el aquí no pasa nada, ni tampoco el que todos vivimos extorsionados pagando derecho de piso al crimen organizado…

En lo personal estoy cansado de escuchar que estamos mal, quisiera escuchar que nos ponemos de acuerdo y que luchamos por un mismo ideal, con distintas visiones, pero con el ánimo de llegar a una solución…de querer avanzar, de transformar esa realidad que no nos gusta y no aceptamos. De saber pedir ayuda del exterior, sin esperar que se nos rescate…de saber sacar la cabeza para escuchar objetivamente la visión externa y oxigenarse, superando el efecto burbuja del veneno del pesimismo y de la percepción de fracaso que fluctúa en el ambiente…encarando valientemente la realidad…rompiendo paradigmas que a manera de fantasmas han desincentivado la creatividad y grandeza de este pueblo.


Hoy no es tiempo de medianías. Si existe una verdadera intención por ayudar a nuestro estado a resolver sus problemas, bienvenida sea…es momento de fortalecer la debilidad estatal e institucional a través de la generación de confianza y de la construcción de auténtica ciudadanía… Afortunadamente Michoacán no es ¡aún! un estado fallido…y no lo será en la medida en que los michoacanos nos afanemos en que así sea. Pero reconozcamos de una vez para siempre que estamos jugando con fuego y que no podemos asumir una posición endeble…es imperativo dimensionar y asumir de manera valiente y objetiva, las responsabilidades personales e institucionales que la realidad nos impone. Y la ayuda del exterior para vencer esa percepción es vital señor Loret. Las generalizaciones hacen mucho daño y más en temas tan delicados.
 
 

jueves, 11 de julio de 2013

“NO TENER MIEDO A LA VIDA”




“NO TENER MIEDO A LA VIDA"

Ante la presentación de la iniciativa de reforma constitucional que protege la vida desde el momento mismo de la concepción por parte del diputado local  Antonio Sosa que reencendió el debate sobre el tema, comparto con ustedes este artículo que publiqué en octubre de 2011 en este mismo medio.

Es indudable que el tema del aborto es un asunto  polémico que levanta ámpula y desborda pasiones, separando posiciones entre una y otra posturas en torno al inicio de la vida.

Creo firmemente que el debate y el contraste de programas ideológicos son presupuestos básicos de un sistema democrático, sin embargo hay temas <importantes> que por su trascendencia y calado ético se encuentran en el campo del derecho natural y por ende más allá de su posible definición  por medio de un principio  mayoritario, es decir que requieren de un tratamiento distinto por involucrar definiciones esenciales y objetivas del ser humano y que por tanto no pueden ser sometidos al vaivén de la voluntad  de los grupos en un momento determinado.

Es claro que el debate se da en un momento social y moral de nuestro país que no es el óptimo para abordar con objetividad, tranquilidad y honestidad –dentro de lo posible- un asunto de tal envergadura. Situación que de entrada ha provocado una mayor polarización y relativizado las posiciones de ambos bandos.

Considero que el debate posmoderno sobre este difícil tema requiere de una renovada fidelidad creativa a principios comunes. En el caso del aborto me parece que ese principio común, por paradójico que parezca, es la protección de la vida misma, en un caso defendiendo al no nacido y en el otro a las madres que pudieran ubicarse en una situación extrema de poner en riesgo su vida por un aborto provocado en condiciones insalubres. Nadie –según entiendo- defiende el aborto por el aborto mismo, incluso quienes están a favor de su legalización lo plantean como una mal necesario en aras de subsanar un abuso o reivindicar derechos a favor de la mujer. Partiendo de ahí, no debemos perder el objetivo.

No se trata solo de un simple problema de salud pública, del que incluso no se tiene una estadística confiable y respecto del cual se cierne la amenaza permanente de la <cifra negra> que tiende a subjetivar posiciones, tampoco de encarcelar ni castigar a nadie, ni a la madres que abortan, ni al ser humano en potencia que llevan en su seno. Mucho menos se trata, como se ha pretendido centrar la discusión, de una posición moralista y/o dogmática de las iglesias (incluida la Iglesia Católica)  ni de un irremediable colisión entre dos derechos que pudieran parecer irreconciliables como son el derecho a la vida y el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. Se trata de derechos autónomos que no se excluyen mutuamente sino que coexisten en un delicado equilibrio y que permiten afirmar que es viable hablar de congruencia entre la verdad del hombre y la moderna teoría de los derechos humanos.


El punto es mucho más profundo pues se pretende definir el inicio de la vida de un ser humano, con todo lo que ello implica. Debemos evitar la tentación de generalizar las excepciones, así como del desinterés por profundizar en el aspecto ético y decisivo que definiciones de este tipo acarrean. Como se ve, es mucho lo que hay detrás… Y si al parecer no existe certeza científica –o al menos las partes no reconocen los argumentos del otro-  respecto a la fecha exacta del inicio de la vida, lo <razonable> sería optar por lo más seguro o prudente. ¿Por qué si en el caso del derecho ambiental priva el principio de precaución o cautela el cual exige la adopción de medidas de protección antes que se produzca realmente un daño, operando ante la amenaza a la salud o al medio ambiente y la falta de certeza científica sobre sus causas y efectos,  habría de ser distinto en el caso del ser humano? ¡No tengamos miedo a la vida!

No se vale despreciar el diálogo y debatir entre sordos… Es necesario que ambas partes hagamos un esfuerzo mayor por escucharnos, por ir al fondo, de llegar a desentrañar lo que el otro quiere expresar a través de sus argumentos, estar al lado del otro, tratar de comprenderlo, respetarnos, en definitiva… lograr enfrentarnos con nosotros mismos. Creo que el debate debe desdramatizarse y despersonalizarse, no debe confundirse a la persona con su obra, ni condenarse a priori al que piensa distinto, tenemos responsabilidad de profundizar y formar nuestra conciencia a fin de concretar un juicio recto y honrado al respecto. El hecho de defender una posición no debe tener por finalidad el simple ego que se deriva de tener la razón ni solucionar un problema personal…en el fondo implica la búsqueda de la verdad sobre un tema trascendental. Y eso se ha perdido de vista en el debate actual en el que solo aparecen sentimientos amargos, nocivos y divisionistas de unos contra otros.

Es muy fácil destacar los puntos que nos hacen diferentes, el verdadero reto se ubica en saber encontrar las semejanzas y a partir de ahí, con base en un auténtico interés por el aspecto ético que envuelve la realidad de la vida humana, construir un debate del tema con altura de miras y buena voluntad mediante el cual pueda arribarse a la verdad, que es contundente por sí misma. Sin olvidar jamás que “la verdad no se impone sino por la fuerza de la misma verdad”.

Es imprescindible no olvidar que el respeto por la vida implica dar vida a todos, tanto a los que están en peligro material de perderla, como a los que están en peligro espiritual de robarla. Por tanto creo que el debate debe partir de ese punto…de no tener miedo a la vida.
 
 

jueves, 4 de julio de 2013

“ANTE EL MICHOACÁN DE HOY, LA COMISIÓN ESTATAL DE DERECHOS HUMANOS, TIENE EL DEBER Y COMPROMISO DE ASUMIR EL PROTAGONISMO INSTITUCIONAL AL QUE ESTÁ LLAMADO”


 
 
“ANTE EL MICHOACÁN DE HOY, LA COMISIÓN ESTATAL DE DERECHOS HUMANOS, TIENE EL DEBER Y COMPROMISO DE ASUMIR EL PROTAGONISMO INSTITUCIONAL AL QUE ESTÁ LLAMADO”

 

Comparto con ustedes estimados lectores, que el día de ayer, después del proceso de selección y comparecencia respectivo –junto a 3 destacados perfiles – protesté ante el Congreso del Estado como consejero ciudadano de la Comisión Estatal de Derechos Humanos. Se trata de un cargo honorífico  para un período de 2 años que entre otras responsabilidades, tiene la de fijar los lineamientos generales  que debe seguir la Comisión Estatal de Derechos Humanos en la materia de su competencia.


Reconozco el nombramiento como un honor y una oportunidad de servir a Michoacán y a su gente y celebro la integración de un consejo ciudadano en el que claramente se apuesta por una recarga generacional de las instituciones (rasgo que se ha repetido en la integración de otros órganos autónomos de Michoacán como el caso del Instituto Electoral y en el Instituto de Transparencia y Acceso a la Información). Un consejo que de inicio da muestras de apertura y de disposición para construir, de aportar su talento para construir en pro de los derechos humanos de los michoacanos…que invita a sumarse y a retomar las propuestas valiosas de los expertos y de los defensores que participaron en el proceso de selección, a los consejeros suplentes y a todos  los ciudadanos que así lo deseen, pues todos tenemos algo que aportar. ¡El reto apenas comienza!


No cabe duda que la percepción ciudadana sobre la actuación de los organismos de derechos humanos no es del todo halagadora… no se trata de un tema fácil. Los ciudadanos asocian la defensa de los derechos humanos con la defensa de los delincuentes…es urgente trabajar en revertir esa percepción y en ganar la confianza de la ciudadanía. De ahí que una política de total apertura y transparencia absoluta del funcionamiento de la comisión, así como una decidida, congruente e independiente actuación tendiente a generar acciones predecibles por parte de la autoridad, sean hoy, no una concesión de buena voluntad, sino un requisito indispensable para recobrar su credibilidad y  autoridad. El poder de las instituciones depende de la confianza que se deposita en ellas.

En referencia a la situación actual de Michoacán, es necesario recalcar que la existencia de Estado de Derecho está condicionada a la eficaz protección de los derechos humanos, y la eficaz protección de estos requiere, sin duda, de las condiciones mínimas para su realización que solo la vigencia del Estado de Derecho provee. Si no hay orden, si no se cumple la ley, si no se abordan valientemente y con ánimo constructivo los temas de  fondo que vulneran y sistematizan y justifican la violación de los derechos de terceros para hacer valer los propios, no puede pensarse en el respeto de los derechos humanos. Los derechos humanos constituyen la razón de ser del Estado de Derecho.

 

Es imperativo que la CEDH esté presente en la generación de la agenda y de la opinión pública…en la formación de los ciudadanos…en la generación de nueva cultura y en la construcción de los nuevos paradigmas…no bastan las recomendaciones. Su función ha de condicionar la actuación del gobierno, orientándolo además en todo momento a proyectar y aterrizar en condiciones de bienestar común y acceso real a los ciudadanos los derechos –y obligaciones- de que son titulares. Para ello se requiere una agenda clara y ambiciosa que tenga siempre en la mira a las y los michoacanos…desarrollar un plan de trabajo que privilegie la prevención a la reacción…hay que llegar a tiempo a prevenir las violaciones de los derechos…sobre todo si los diagnósticos y estudios ya tienen bien ubicados los principales problemas en la materia.


En el fondo, creo que el reto fundamental será que la Comisión Estatal de Derechos Humanos reconozca y asuma el rol institucional que le impone la realidad política y social de Michoacán como corresponsable en la construcción y vigencia de un real estado de derecho. Eso conlleva necesariamente el rompimiento de paradigmas y la necesidad de dotar de contenido y significado su función. Implica recobrar su natural protagonismo, recuperar la confianza ciudadana, en definitiva… ganar en “autoridad”.