martes, 15 de marzo de 2011

RES PUBLICAE
¿CONGRESO VS CIUDADANÍA?

En las últimas semanas se ha intensificado de manera notable el quehacer legislativo en cuanto al número de asuntos así como la trascendencia de los mismos. El impacto social y político de sus decisiones es evidente. Ha sido un arranque de año estrepitoso: aprobación de la propuesta de reestructuración de la deuda pública, la ausencia de la mayoría de los integrantes de dos grupos parlamentarios a la sesión solemne del informe de gobierno, la aprobación de la reforma electoral y su falta de publicación oportuna por parte del Ejecutivo del Estado, la acusación por parte de algunos diputados sobre la presunta sustitución del dictamen de dicha autorización previo a su firma, el consecuente amague con la posibilidad de presentar una acción de  inconstitucionalidad y una larga lista de etcéteras.
Más allá de las críticas técnicas y políticas que se derivan de su actuación –sinceramente creo que algunas tienen mucha razón- y de lo desgastado de su imagen pública, la realidad nos habla de la vitalidad e importancia de esta institución en el entramado y en la configuración y equilibrio de poder en el estado.
Sin embargo al revisar y analizar la actuación de nuestros representantes ante esta vorágine de temas, nos damos cuenta que el congreso no siempre actúa con esa “altura de miras” que su responsabilidad reclama, incluso en algunas ocasiones yendo en contra –o en el mejor de los casos, ignorando- el clamor ciudadano. Tal es el caso a manera de ejemplos concretos, de la decisión de un grupo de legisladores de no presentarse a la sesión solemne en la que el Gobernador del Estado presentaría su informe de gobierno, esto a manera de inconformidad por fricciones con el grupo  parlamentario del partido del gobernador en la negociación de la reforma electoral. Visto objetivamente representa un sin sentido, ya que lo que supone un acto de rendición de cuentas (además de un acto de Estado) del Ejecutivo al Pueblo a través de sus representantes, una gran número de éstos se encuentran ausentes, lo que lleva a preguntarse ¿y los representados qué? Otro caso lo constituye el reclamo ciudadano y empresarial para regular –que no prohibir- las marchas y manifestaciones, es una exigencia generalizada, y sin embargo la iniciativa presentada está en la congeladora y el tema no forma parte de la agenda del congreso.
La razón de ser del parlamento y su quehacer diario no son un tema menor frente al cual quepa la posibilidad ciudadana de ser meros espectadores o “sufridores” de sus consecuencias, sino que se vuelve indispensable la participación social a fin de generar, propiciar y encauzar la discusión pública y la construcción de una auténtica agenda legislativa que atienda verdaderamente los problemas más sensibles de los michoacanos, y lo más importante… que logre darle el seguimiento y acompañamiento necesarios para volver eficaz dicha función.
Es por ello, que vale la pena revisar los mecanismos de participación ciudadana a través de las diversas figuras que permitan una vinculación real y efectiva con la intención de incidir en las decisiones de este importante poder, temas que abordaremos semana a semana en este espacio… Esa es la intención de esta columna, la de convertirse en un “acicate” para la acción legislativa a partir de un análisis técnico que permita incorporar una visión ciudadana que trascienda el aspecto meramente político, generando una auténtica responsabilidad social respecto de la res publicae (cosa pública). Agradezco al Diario Provincia su apertura  al brindar esta oportunidad para expresar ideas y abrir un canal de comunicación semanal con sus lectores.

viernes, 25 de febrero de 2011

AUTÉNTIC@S DIPUTAD@S AZULES: MISIÓN 2011.
Perfil de los diputad@s panistas que Michoacán requiere.
Nadie puede negar, pues lo constatamos a diario en nuestra vida cotidiana, que nos encontramos frente a un escenario sumamente complejo en todos los ámbitos (político, social, económico, etc.) condicionado  en gran medida por la realidad que vivimos tanto a nivel nacional como internacional, que configuran –según muchos autores modernos- no solo una época de cambios, sino un auténtico cambio de época.
Una realidad que se encuentra marcada por una percepción de desesperanza y desilusión generalizada, un cierto pesimismo colectivo causado por el clima de violencia, incertidumbre, y por la sensación de que las cosas se encuentran atoradas o no van a mejorar, al menos, en el mediano y corto plazo. Sensación que se agudiza todavía más al hacer referencia al ámbito político en su vertiente electoral pues la relación entre los ciudadanos y los partidos políticos  no solo se ha visto polarizada- sino que en muchos de los casos, ha llegado a ser incluso contrapuesta.
La ciudadanía se encuentra realmente descontenta y frustrada, podríamos decir “vacunada” frente a todo aquello que huela a “política” o… a “políticos”, quienes son percibidos como un mal necesario. La clase política queda caricaturizada –no sin razón las más de la veces- como aquella conformada por  un conjunto  de seres deshonestos, corruptos, opacos, insensibles, irrespetuosos, sin creatividad e incapaces de llegar a acuerdos con las demás fuerzas políticas, las cuales son vistas por el ciudadano como parte de lo mismo, dada la dificultad incluso, de diferenciarlos ideológicamente.
Ante este panorama, que no es del todo nuevo y que pareciera tan gris, se presenta en el caso del proceso electoral de este año en Michoacán, una gran oportunidad para Acción Nacional, una oportunidad única que le permita recobrar la confianza de la ciudadanía y al mismo tiempo hacer frente al reclamo generalizado de postular a sus mejores hombres y mujeres con el fin de cumplir las expectativas que se generen en el período de las campañas políticas. Máxime si existe una amplia posibilidad de ganar por primera ocasión la gubernatura del estado, pues será imprescindible hacer transitar las reformas estructurales que fijen las bases y den viabilidad al proyecto de gobierno de Acción Nacional en Michoacán a mediano plazo.
A medida que se acerca el inicio del proceso electoral local, toma más fuerza entre los grupos empresariales del estado y entre la ciudadanía en general, esa exigencia de impulsar los mejores perfiles, especialmente el de los aspirantes a legisladores locales por la función tan importante que deberán desempeñar en la nueva distribución de poder en el estado. Esta situación debe ser tomada muy en serio por el PAN para poder ofrecer candidatos atractivos al electorado que al mismo tiempo le garanticen al partido una eficiencia técnica y política al interior del Congreso del Estado.
Requerimos primero candidatos, después diputados y siempre panistas, con ciertas características, virtudes y valores que garanticen una actuación pública a la altura de la importancia de la investidura y cargo que ostentan. ¡Esos son los verdaderos diputados azules!
Diputados con la ilusión y el anhelo de revalorizar la función legislativa, regresándole su respeto y prestigio. Diputados que perciben y asumen totalmente la responsabilidad política del compromiso y representación que adquieren.
Diputados con visión de futuro, imaginación y creatividad que se animan a soñar las posibles soluciones para los problemas cotidianos de la gente, y que siendo proactivos, las llevan a los hechos.  Diputados que se convierten en auténticos agentes de cambio  social.
Diputados que motivan la participación ciudadana y la vinculación social en un momento en que los ciudadanos tienen miedo o en el mejor de los casos padecen apatía. Diputados con un decidido compromiso por la consecución de un verdadero Estado de Derecho.
Diputados honestos, con una trayectoria limpia, que rinden cuentas con total transparencia.
Diputados con capacidad técnica y política que saben votar en bloque para generar gobernabilidad cuando es necesario, pero con criterio propio para saber defender el voto particular cuando los intereses del distrito lo justifican.
Diputados comprometidos y congruentes con la ideología de Acción Nacional… De una pieza. Que saben negociar y lograr acuerdos sin “mercantilizar” la actividad política, sin transigir la ideología…Sin contemporizar.
El PAN necesita –y reclama- legisladores que consoliden en definitiva el proyecto de gobierno panista en Michoacán, reclama auténticos diputados azules, ¡no dejemos pasar la oportunidad!